LABERINTO

 Av. Colón, cerca de calle Nueva Rosita, Monterrey, Nuevo León, Mexico. Año 1997.

Sábado 4:00 p. m.
Todo esto ocurrió en un salón de fiesta al que fui invitado para celebrar el décimo cumpleaños de un compañero de primaria. Fuimos mi Madre y yo, había un show regular y pocos invitados (25 personas aproximadamente).
Algo que me sorprendió cuando entre al salón fue la cantidad de máquinas de juego que había, máquinas de fichas, esas de lanzar balones, golpear con martillos, el pinball, arcades y demás.
Era algo extraordinario porque todo lo demás era bastante común y escaso, muy poca decoración, mesas sin manteles, poca iluminación y como ya mencioné un show de payasos muy regular.
No le dí mucha importancia y me apresure a conseguir algunas monedas para divertirme. Jugué por un rato (media hora aproximadamente) y después empecé a recorrer el salón más allá de las máquinas con algunos niños. Nos dimos cuenta que el salón tenía otro piso hacía abajo, podría decirse que un sótano, podías bajar por las escaleras de caracol amplias que había o por un tubo cromado ancho tipo de estación de bomberos en el centro de las escaleras, que al terminar caías sobre colchonetas de colores apiladas, desde arriba lo veía peligroso, por el hecho de que había algunos niños 2 años menores que nosotros que igual intentarían bajarse por ahí, pero al yo bajar por el tubo, deduje que si los niños llegaran a soltarse a mitad del descenso no se harían daño porque las colchonetas eran suficientes para amortiguar una caída (según yo).
La mayoría de los niños bajamos (aproximadamente 6 niños), en ese cuarto de alrededor 8x4 metros. Había juegos pero nada electrónico, sino resbaladeros, albercas pequeñas de pelotas, pasamanos, y un pequeño carrusel de animales manual, lo único malo de ese sótano es que no había luz y no entiendo bien por qué, pero no tuvimos miedo. Quizá porque todos bajamos en grupo, pero apenas se veían las cosas allá abajo, nos divertíamos y caminábamos despacio para no tropezar dejándonos llevar por las siluetas.
De pronto en el fondo de la esquina derecha se encendió una luz neón roja, todos al mismo tiempo volteamos y nos dimos cuenta de que la luz venía de adentro de otro cuarto que no pudimos distinguir antes, más el cuarto de juegos donde nos encontrábamos parados seguía sin luces encendidas. Ahora veíamos mejor gracias a la luz del otro cuarto, todos despacio empezamos a entrar al cuarto. Mientras me acercaba comencé a preguntarme quién encendió la luz, pero se me hizo fácil creer que alguno de los niños que estaban ahí se había encontrado con un interruptor en la pared, entonces entramos y me dí cuenta de que el cuarto era del mismo tamaño que el anterior, pero todo el interior en sí era un laberinto. Las paredes que dividían los caminos tenían aproximadamente 1.5m de altura, no llegaban hasta el techo, entonces te fueras por el camino que te fueras, no perdías contacto total con los demás niños, los escuchabas y si te subías a algo, como por ejemplo los juguetes que había dentro o a una sillita de plástico, podías ver a los demás niños corriendo de aquí para allá por todo el laberinto. Otra cosa particular del laberinto (que hoy agradezco mucho) es que no contenía caminos sin salida, no había pasillos interrumpidos o cerrados, era muy fácil entrar, recorrerlo todo y salir de él.
Entonces tomando todos los acontecimientos pasados como algo "normal", sucedió lo raro de la anécdota, empecé a correr por los caminos del laberinto, a veces siguiendo a alguien, a veces sólo por correr y divertirme, cuando de la nada me encuentro delante a un niño gordo, parado en medio del camino, calculé que era de nuestra misma edad, y estaba viéndome fijamente a los ojos, me detuve antes de chocar con él, quedé parado viéndolo detenidamente porque me sorprendió su disfraz de Drácula, ya saben, cabello relamido hacía atrás, zapatos de charol, traje de catrín y capa negra de interior rojo. Quede muy extrañado porque no era una fiesta de disfraces y además desde que llegué al salón no había visto a nadie disfrazado, ni siquiera al cumpleañero, que por cierto no estaba con nosotros allá abajo. El niño Drácula de pronto abrió la boca e hizo un gruñido fingido, pretendiendo asustarme, ahí me di cuenta de que también traía unos colmillos de vampiro en la boca, esos dientes blancos de plástico que a veces vienen junto con los dulces en la bolsita, eso era algo poco extraño, pero lo mejor fue cuando acabó de "rugir", entonces mirándome fijamente habló y me dijo "te voy a matar", yo no me asuste, no tuve miedo, pero si me pareció ya un niño muy, muy raro, yo sólo atiné a contestarle "apoco si?" y seguí corriendo tratando de unirme a los demás niños para que mi sentimiento de extrañeza no se convirtiera en miedo, corrí algunos 5 metros y volteé para ver si el gordo me siguió, pero no, no me seguía, entonces busqué reunirme con los demás niños y así fue, llegué cerca de la entrada del cuarto y empecé a ver a los demás saliendo y entrando del laberinto, me sentí tranquilo otra vez y empecé a creer que el niño Drácula sólo había sido una ilusión. Seguí corriendo a lado de los demás y después de unos minutos ¡vaya sorpresa! al entrar de nuevo a los caminos, veo que los demás niños están siendo perseguidos por el Drácula gordo, el cual corría agitado mientras les gritaba "¡los voy a matar, los voy a matar a todos!", un momento seguía a uno, lo perdía y empezaba a seguir a otro, yo imagine que no corría mucho debido a su sobrepeso, los demás también lo veían y huían de el mientras se carcajeaban, decidí dejar de lado las palabras amenazantes que gritaba y me uní a el juego, todos huyendo y cocoreando al gordito vestido de Drácula, dejé de pensar, y sólo corría.
Después de media hora jugando todos, escuchamos un grito desde el piso de arriba "¡niños!", era una señora, la mamá del cumpleañero, muy molesta nos gritaba que subiéramos, todos asustados comenzamos a salir del laberinto. Yo fui uno de los primeros, salimos del "cuarto rojo", pasamos por el carrusel y comenzamos a subir las escaleras, mientras lo hacía, veía el tubo cromado de metal que estaba en el centro y noté que la luz roja proveniente del laberinto que se reflejaba en él, de pronto se apagó. Me imaginé que de nuevo alguno de los niños encontró el interruptor.
Llegamos arriba y la señora nos empezó a regañar por haber bajado al salón de abajo, nos gritaba que ella nadamas pagó por el medio salón, lo de arriba, y que la dueña en el contrato le prohibió estrictamente usar la parte de abajo del salón, ella nos regañó y nos preguntó ¿quién había encendido la luz de abajo?, todos nos quedamos viéndonos unos a otros porque tampoco sabíamos quién había encontrado el interruptor, entonces ella con la voz más fuerte nos dijo que ningún niño debe de tocar o manipular las cajas eléctricas, entonces yo pregunte en voz baja "¿cuál caja eléctrica?", ella camino unos 2 metros y nos señaló una pared donde estaba la caja eléctrica con los diferentes interruptores de las plantas de el salón, enseguida pregunté si ella apagó la luz de abajo cuando nos llamó, y contestó que no aunque los interruptores de toda la planta de abajo estaba en off.
Total que el tiempo de renta se estaba acabando y pronto teníamos que retirarnos todos, camine hacía donde estaban todos los padres y comencé a buscar al gordito Drácula, aunque algo dentro de mi me decía que no lo encontraría ni a el ni a sus padres. Le pregunté a algunos niños que habían bajado conmigo si sabían algo del niño disfrazado, pero todos me dijeron que no lo vieron salir del laberinto, me preocupé y fui a contarle a mi mamá sobre el niño, mi mamá habló con la mamá del cumpleañero y sorprendidas decidieron ir a prender las luces de el piso de abajo sin antes preguntar con quién había llegado el niño, bajaron tres mamás y yo para revisar el sótano, pero nada, había muchas luces prendidas, todo se veía claramente excepto en el cuarto del laberinto, ahora estaba al revés, todo iluminando menos ese cuarto, entonces desde la entrada la señora comenzó a preguntar, si había alguien, le dije que se metiera a revisar, pero no quiso dijo que estaba muy obscuro y se podía llegar a caer, entonces me aventé, entre trotando recorriendo los tres caminos y no sé cómo no tropecé, pero estoy seguro de que lo recorrí completo y ahí no había nadie, salí nervioso con el corazón a mil, y hasta ese entonces fue que la señora se preguntó "¿y ese niño con quién viene?, ¿Quién era?"
Todos nos subimos de regreso a la primera planta en busca del cumpleañero y ahí estaba sentado comiendo un poco de pastel, fue difícil tratar de explicarle sobre el niño Drácula porque el nunca vio a nadie disfrazado en la fiesta y para terminar no bajo al sótano con nosotros. Comenzamos a preguntarle a los demás invitados si alguien vio o conocía al niño disfrazado, pero parecía que nunca existió tal invitado.
Se terminó el tiempo del salón, creo que a todos en la fiesta les dio igual el suceso y poco a poco todos nos fuimos retirando, yo todavía al salir y ver cómo ponían cadenas a las puertas del salón, seguía pensando en el gordo vestido de Drácula, pero nunca entendí qué ocurrió.
Hoy todavía me pongo a pensar, niños de 10 años de edad, en un sótano obscuro, sin ningún adulto cerca o consciente de que estábamos allí abajo, dentro de otro cuarto con un laberinto, jamás vi algún foco o bombilla en el techo, ni en las paredes del laberinto, pero aun así era iluminado completamente con una luz roja, ¿un niño gordo disfrazado de Drácula?, fueron cosas que no entiendo aún, podría ser que quizá este relato llegué a alguno de los invitados en aquel cumpleaños, pero sé que es demasiado esperar

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